-Lo siento.
-¿Si, en serio?-Respondiste
-Totalmente.
Los corazones palpitaban en nuestros platos lentamente pero intensamente. No eran bonitos corazones de película, no. Todo el plato estaba lleno de sangre y palpitaban, seguían palpitando y yo me agobiaba cada vez más.
-¿Por qué lo hiciste?
-No lo sé.
-Vamos, responde. ¿Por qué?
-¡Qué no lo sé! ¿Te vale?
-No.
El corazón de tu plato cada vez palpitaba más rápido y yo sentía que me iba a explotar el pecho.
-Podías haber dicho que no era de verdad.-Seguiste
-¡Era de verdad, lo complicaste todo!-Grité
-¿Así lo crees?.-Y pinchaste el corazón.
-Si...-Y de pronto sentí el mayor dolor que se puede sentir, tal dolor que por mucho que me intentaran hacer más no lo conseguirían. Ese dolor en el que dejas de sentir más dolor.-Tú lo complicaste TODO.
Y rompiste a llorar mientras encendías la vela del centro de la mesa. No me había fijado dónde estábamos y al intentarlo solo vi oscuridad alrededor.
-¿Por qué me limitaste?-Seguí diciéndote.
-¿Yo limitarte? ¡Mira, eres basura, la peor basura del mundo!
Y de pronto un tipo desconocido entró entre la oscuridad.
-Fuiste tú, bastardo. Tú tienes la culpa de todo.-Se sentó sobre tu regazo, cogió tu tenedor y sin ningún tipo de pudor pinchó otro bocado del corazón de tu plato y se lo comío. Grité como el mayor loco de todos los locos, un grito rasgado y que hacía temblar la llama de la vela. Al abrir los ojos ya no estaba.
-¿Estás disfrutando?-Te pregunté cuando saqué fuerzas, sudando y resoplando.
-Si.
-¿Por que he sido engañado?
-¿Por mi?
-Por la vida, por el mundo.
-Yo no te he engañado.
-Ojalá...-Y rápidamente pinchaste otro bocado y te lo comiste. Y volví a gritar y gritar y gritar durante un buen rato. A veces, en este mundo no te queda otra opción que gritar, gritar y gritar. Todo se arregla gritando, el mundo es una sucesión de gritos enjaulados. Si la gente abriera esas jaulas y gritara más frecuentemente todo iría mejor... pero gritos sin destinatario, o si lo tiene, que seamos uno mismo.
-¿Sabes que me estás matando?-Dije entre dolores.
-No es mi intención, solo es parte del teatro de tu vida, el teatro que tú has creado. Un teatro sin sentidos, sin telones, sin humos, con mensajes ocultos. Un teatro digno de reyes, así que escapa, escapa porque queda bien claro que no eres feliz. Escapa.
-No.
-Escapa, vamos, no me va a molestar.
-No.
Y entró una mujer mayor, y se sentó en tu regazo, cogió tu tenedor y pinchó otro bocado y se lo comío. Y grité, y volví a gritar. Porque... ¿Acaso no es esta vida un grito? Entonces abrí los ojos y la mujer ya no estaba.
-¿Por qué me mentiste?
-Jamás lo sabré.-Susurré, y de pronto se apagó la vela del centro y todo se hizo oscuridad y grité, y grité, y grité....