lunes, 30 de abril de 2012

Asoman finales, desarman ilusiones.

Estoy escondido tras la puerta, escuchando los gritos que traspasan hasta mi alma y no quiero. Te vas, no soy idiota, lo veo y me noto lejos. Los gritos no mienten y tengo conmigo esa maldición de querer engañarme, pero supongo que ya son demasiadas heridas, empiezo a decirme la fría verdad. Huyes, y nunca valgo joder, y me duele porque a lo que deseo no llego y siempre duele más cuando se rompe una ilusión. Ya lo escribo todo negro últimamente, no tengo otra forma de hacerlo, siempre es dolor. Y me duelen más recuerdos y esperanzas rotas que verme solo. Ya solo compongo mi vida de desastres, de pérdidas, de verte ir, de condenarme, de hacerlo del revés. Escucho voces, me escucho pensando y cada día es más y eso me asusta. Cogeos libres, déjame solo. Soledad, condena de mis pesadillas, culpable de mis pensamientos. Que desánimo continuo me provoca verme de lado. Son siempre otros labios los que me dejan aquí muriendo desamparado cuando dejo de creer en que la vida tenga ya ese sentido que le quieren poner.

martes, 24 de abril de 2012

Triste solitario

Ya tiré de las riendas en alguna ocasión, ya empujé todo lo que debía y más y no pienso ser un pesado, no quiero al menos. Ya he muerto una vez, no se muere más veces, al menos nunca tan fuerte. Y te aseguro que esta vez no voy a tirar yo de las riendas. Me doy cuenta de que es una necesidad que tiene mi cabeza, una enfermedad que me obliga a empujar. Pero son años de torpeza los que me han hecho aprender a controlarlo y creo que cada vez lo llevo mejor, quiero decir, que empujes tú, que no me muero por ti. Y a veces me siento odiado por gran parte de este mundo, incluso a veces podría incluirte. Te doy espacio, te pido que no se haga infinito. Me temo que es como acabará todo si no tiro yo. En este mundo que apesta, que deja los buenos momentos para que los cuentes, que pone en tus días tantos malos momentos que al final te olvidas de bastantes, pido una escapatoria a esta realidad que oprime, que controla, que lleva las riendas en mi vida. A esa necesidad de tirar le pido tregua. Suelo decir que me infravaloro, pero también siento que mucha gente lo hace y empiezo a cuestionar si hay algo de valor o simplemente es así y no hay nada que infravalorar, es todo bajo. No estoy destrozado, ahora no. Estoy bastante confuso, y eso es continuo, y estas cosas terminan en destrozo y no quiero, no otra vez. Quiero probar la boca de mis sirenas que me hundan en el mar y me olvide de la vida un tiempo, lo necesario hasta que tenga que volver a respirar. No es vicio lo que mueve mi corazón, ni de coña, son soledades que solamente un triste solitario como yo puede entender. Abandonado en medio de un océano de dudas.