lunes, 30 de abril de 2012

Asoman finales, desarman ilusiones.

Estoy escondido tras la puerta, escuchando los gritos que traspasan hasta mi alma y no quiero. Te vas, no soy idiota, lo veo y me noto lejos. Los gritos no mienten y tengo conmigo esa maldición de querer engañarme, pero supongo que ya son demasiadas heridas, empiezo a decirme la fría verdad. Huyes, y nunca valgo joder, y me duele porque a lo que deseo no llego y siempre duele más cuando se rompe una ilusión. Ya lo escribo todo negro últimamente, no tengo otra forma de hacerlo, siempre es dolor. Y me duelen más recuerdos y esperanzas rotas que verme solo. Ya solo compongo mi vida de desastres, de pérdidas, de verte ir, de condenarme, de hacerlo del revés. Escucho voces, me escucho pensando y cada día es más y eso me asusta. Cogeos libres, déjame solo. Soledad, condena de mis pesadillas, culpable de mis pensamientos. Que desánimo continuo me provoca verme de lado. Son siempre otros labios los que me dejan aquí muriendo desamparado cuando dejo de creer en que la vida tenga ya ese sentido que le quieren poner.

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