lunes, 24 de enero de 2011
El aura que dejaron tus besos
Escuché las campanillas desde mi cama, rápidamente me levanté hacia la ventana y vi ese aura que dejaban tus besos bajo los que estuve siempre ausente. Cada noche lo mismo, la misma cantinela que me dejaba un vacío horrible. Empecé a ahorrar y compré escaleras hasta construirme un barco y surcar las estrellas contigo como tantas veces habíamos dicho que haríamos. Y ahora estoy aquí y seguramente será demasiado tarde para pedirte perdón por eso prefiero ir contigo. Gasté todos mis ahorros en escaleras y con un poco de desilusión conseguí hacer que todo flotase. Cogí el timón del barco y sentí la jeringuilla clavarse en mi cuello. 4 hombres vestidos de blanco me rodeaban y me distanciaban de ti. Destruyeron mi barco, mis escaleras y el aura de tus besos. Me ataron a una camilla y me metieron en una habitación en la que alguien dejó una mancha con forma de corazón. Empecé a gritar tu nombre para ver si así podías escucharme, me zarandeé hasta caerme de la camilla y me hice un corte en el cuello con la jeringa por el golpe. Empecé a recordar todos esos días paseando bajo el arco iris en los que me decías que podíamos disfrutar por siempre. Ser el bucanero de sueños rotos no me lleva a ningún sitio. Apreté los dientes y me quedé mirando las formas de esa esquina, eran iguales a las del baño en el que tuvimos que resguardarnos el día que hubo tormenta. Te quitaste la camiseta despacio y me susurraste al oído. Ahora estoy rodeado de gente con uniformes blancos y locos que tienen amigos imaginarios porque en su día fueron unos marginados sociales. Empecé a recordar como fue la evolución de nuestra relación, todo se hizo más frío y empezó a temblar el suelo. Fuera estaba cayendo la tormenta más grande que había visto nunca y los rayos me asustaban tanto que volví a gritar tu nombre más fuerte durante un rato hasta que volví a mirar la mancha de sangre con forma de cuchillo y seguí recordando. Recordé el día siguiente en el que también llovía y fui a buscar mi chaqueta, me la había dejado en aquel baño. Al entrar te encontré disfrutando de mi ausencia y en ese momento fue cuando cometí la mayor cantidad de errores que jamás he cometido juntos. No pude seguir pensando y seguí gritando hasta que la puerta se abrió y entraste pálida, con las ropas rotas, llena de sangre y preciosa. Tomé tu mano y me fui contigo más allá de los siete mares.
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