domingo, 22 de julio de 2012

Cuando las farolas se apagan.

Me pongo en pie como puedo e intento analizar donde estoy. Ya no me sorprende la situación, llevo 5 días despertándome en lugares desconocidos, tomando cosas desconocidas, seguramente la clase de cosas a las que se refiere tu madre cuando te pide que tengas cuidado al salir no te las echen en el vaso. Es difícil andar pero los golpes que me voy dando con las paredes me dicen que todavía tengo donde apoyarme desde que no estás. No sé en que momento de mi vida transformé el cariño en toda esta mierda, no sé cuando se encienden las farolas, ya voy demasiado ciego a esas horas. Pero las he visto apagarse estos días y por dentro me apagan a mi también y me hacen echarte de menos. No sé cuando perdí el camino, estos días he olvidado demasiadas cosas, he olvidado demasiado, me dirijo decidido hacia la dirección que tenía apuntada en el bolsillo y sé perfectamente lo que es aunque no recuerde nada desde hace ya demasiado tiempo. La poca gente que hay por la calle a estas horas me mira como algo raro. Imbéciles, su vida está tan acabada como la mía, sus televisores destrozan el cerebro más que todo lo que tomé ayer y sus ideas se desfiguran tanto como los dueños de las emisoras deseen. He intentado preguntar en varias ocasiones pero me ignoran. No les tengo ningún miedo, puedo cargarme a cualquiera que intente acercarse a mi más de lo debido, ya nada me importa. Deberían de tenerle miedo a la persona que no se importa a si mismo porque es la persona más peligrosa del mundo. Y aquí estoy, frente a la puerta con un post it sucio y destrozado, con la misma ropa que llevaba la última vez que salí por esta puerta. He decidido volver a casa, cariño. La luz de la mañana pone esperanza en el día, y tengo miedo, supongo que porque siempre acabo odiando las esperanzas y que vuelvan a aparecer me aterra. Al subir por las escaleras todo parecía igual, saqué la llave y abrí al primer intento. La radio estaba enchufada, todo estaba en el mismo orden que cuando me fui, todo, pero no estabas tú. Decidí buscarte y pude encontrarte ya que no te escondías de mi, ni si quiera sabías que había entrado. Estabas con él, dando saltos abrazados en la cama y yo desde la puerta mirando como un fantasma. Sin que nadie se diese cuenta de mi existencia. De pronto recordé por qué me había ido, de pronto volví a sentirme solo y sin drogas y me marché. A veces me sentaba en la vieja estación para ver como pasaban los trenes cuando me sentía solo. Hoy vuelvo a estar aquí pero no pretendo ver nada, no pretendo conseguir nada, no doy miedo. Me equivoqué cuando dije que no me importaba nada, me importas demasiado como para poder llevar mi vida por separado. No doy miedo, sólo me siento aquí y el miedo ya no juega un papel necesario.

viernes, 18 de mayo de 2012

Mi luna no tiene bandera.

Soy el soldado que perdió su pelotón, esa sensación de quiero irme a casa, el frío en las noches de invierno sin ti. Veo situaciones injustas donde paso y empezando por mi vida. El reflejo me engaña y duele, me duele verlo por dentro distinto a como lo veo por fuera. Sigo perdido en este desierto, en esta guerra, en esta falta de aire constante. Soy el último pensamiento del suicida, el silencio que se queda cuando unos labios evitan, la lágrima de una mujer que calla. Lentamente calculo mis pasos y si me ves dar una calada es porque la he cagado y necesito buscar otros mundos. Es demasiado pronto hoy, no me veía escribiendo a estas horas pero bueno, siento constantemente. Empieza hoy un nuevo plazo de suspensión en el que las cosas pueden cambiar totalmente, y créeme que lo deseo, pero no quiero verme solo fingiendo que pienso en estrellas más rato.

jueves, 17 de mayo de 2012

Mientras todo se mueve.

Todo gira, todos se mueven delante de mi sin sentir, sin querer. La gente cruza hacia todas partes sin rumbo, sin entender lo que hacen con su vida, sin saber lo que son. Y yo me detengo aquí sin un motivo buscando mi paz interior, porque ya tengo claro que mi paz exterior desapareció hace tiempo, observo la luna y las estrellas y me dan ganas de escapar de todo. Sigo con la cuerda puesta en el cuello sonriendo por fuera, llorando por dentro y sin entender nada. Intento eliminar las melodías que escucho y que parecen decir tu nombre, y yo quiero borrarlo, quiero borrarlo todo, quiero borrar mi vida. Necesito huir ya, dejad de presionarme, de ahogarme porque voy a acabar haciéndolo yo solo. Cada vez que veo un coche me dan ganas de saltar, y todo por morder el veneno de ti. El mundo gira, y gira, y yo quiero desaparecer, explotar, fundirme entre el humo. Estoy roto, siempre lo he estado, y supongo que así seguirá siendo, me temo que cada vez a peor. La hostia ya me la estoy dando, pero por demasiadas cosas de golpe, que le pongan rejas a mi vida, seguramente será lo mejor. Podré encontrar en la soledad de mi cabeza las mayores atrocidades imaginables o quizá la libertad absoluta, lejos de esta sociedad, de esa gente que quiere comerme. Es jueves y vuelvo a estar puesto y no quiero evitarlo, quiero olvidarlo todo. Si no me suicido es porque me jodería demasiado no ver tu cara.

lunes, 30 de abril de 2012

Asoman finales, desarman ilusiones.

Estoy escondido tras la puerta, escuchando los gritos que traspasan hasta mi alma y no quiero. Te vas, no soy idiota, lo veo y me noto lejos. Los gritos no mienten y tengo conmigo esa maldición de querer engañarme, pero supongo que ya son demasiadas heridas, empiezo a decirme la fría verdad. Huyes, y nunca valgo joder, y me duele porque a lo que deseo no llego y siempre duele más cuando se rompe una ilusión. Ya lo escribo todo negro últimamente, no tengo otra forma de hacerlo, siempre es dolor. Y me duelen más recuerdos y esperanzas rotas que verme solo. Ya solo compongo mi vida de desastres, de pérdidas, de verte ir, de condenarme, de hacerlo del revés. Escucho voces, me escucho pensando y cada día es más y eso me asusta. Cogeos libres, déjame solo. Soledad, condena de mis pesadillas, culpable de mis pensamientos. Que desánimo continuo me provoca verme de lado. Son siempre otros labios los que me dejan aquí muriendo desamparado cuando dejo de creer en que la vida tenga ya ese sentido que le quieren poner.

martes, 24 de abril de 2012

Triste solitario

Ya tiré de las riendas en alguna ocasión, ya empujé todo lo que debía y más y no pienso ser un pesado, no quiero al menos. Ya he muerto una vez, no se muere más veces, al menos nunca tan fuerte. Y te aseguro que esta vez no voy a tirar yo de las riendas. Me doy cuenta de que es una necesidad que tiene mi cabeza, una enfermedad que me obliga a empujar. Pero son años de torpeza los que me han hecho aprender a controlarlo y creo que cada vez lo llevo mejor, quiero decir, que empujes tú, que no me muero por ti. Y a veces me siento odiado por gran parte de este mundo, incluso a veces podría incluirte. Te doy espacio, te pido que no se haga infinito. Me temo que es como acabará todo si no tiro yo. En este mundo que apesta, que deja los buenos momentos para que los cuentes, que pone en tus días tantos malos momentos que al final te olvidas de bastantes, pido una escapatoria a esta realidad que oprime, que controla, que lleva las riendas en mi vida. A esa necesidad de tirar le pido tregua. Suelo decir que me infravaloro, pero también siento que mucha gente lo hace y empiezo a cuestionar si hay algo de valor o simplemente es así y no hay nada que infravalorar, es todo bajo. No estoy destrozado, ahora no. Estoy bastante confuso, y eso es continuo, y estas cosas terminan en destrozo y no quiero, no otra vez. Quiero probar la boca de mis sirenas que me hundan en el mar y me olvide de la vida un tiempo, lo necesario hasta que tenga que volver a respirar. No es vicio lo que mueve mi corazón, ni de coña, son soledades que solamente un triste solitario como yo puede entender. Abandonado en medio de un océano de dudas.

miércoles, 14 de marzo de 2012

La puerta del infierno

Camino entre mis pesadillas sin dirección, busco ángeles como los que había antes en mi infierno pero todos se marcharon y me dejaron solo. Otra vez. Encuentro entre el fuego caras conocidas, que me gritan y me hacen sangrar. Sangre que quita el dolor, que lo transforma en algo más suave que la agonía constante. Necesito droga para desconectar, necesito vida para vivir, necesito una bala para parar este sufrimiento y un par de huevos para afrontarlo. Rey de las depresiones, señor de estos infiernos. Me siento en una piedra y escribo todo esto con un lápiz, la única forma de que si algo me asusta pueda borrarlo. Estoy tan solo que pienso demasiado y deformo la realidad y soy consciente de ello pero me es inevitable. Nuevos ángeles querrán entrar en estos bosques en llamas sin perder sus alas pero cuesta demasiado eliminar lo que te hace sentirte libre. Ya hace tiempo que perdí las mías. Sangro a diario y camino lleno de heridas hoy perdido entre la oscuridad, camino con la soledad que me caracteriza. Necesito una desconexión, un abrazo, un beso que me calle, que elimine las distancias que tú has generado. Ni llorando como ahora el mundo lo hace apagaría esto, siento que lo único que se apaga soy yo. Pregúntale a Baal si ya no soy preso y camino como un demonio por estos mundos, o si solo vivo un engaño, si todas estas telarañas que siento en mi corazón en realidad algún día van a recuperarse y despertar el aliento. No lo sé, supongo que reflexiono demasiado a falta de alas cuando me doy cuenta de que nada sale bien y todavía me queda mucho tiempo en estos lugares, dónde el fuego jamás se había sentido tan frío y tu boca jamás se había visto tan lejos.

jueves, 1 de marzo de 2012

Rechazos

Recaigo, no en lo mismo, pero recaigo. Puedo ver de lejos el dolor que esta cerca, puedo sentirlo ahora mismo como si ya hubiese pasado. Rechazos. Quizá el mundo se compone de eso, de sufrimiento. Ya me cansa defender la libertad, defender al ser humano, cuando seguramente es el mayor error que ha cometido la naturaleza. Tranquilo escribo esto sin esperanzas, sabiendo que seguramente tú estés tranquila, y no eres la misma pero sigue habiendo rechazos y el juego no cambia. Odio la vida, si no fuese por momentos que no duran nada pero que por suerte siguen estando la rechazaría. Os odio a todos por igual, tanto como me odiáis a mi, no es odio cruel, es odio de dolor. Miradme desde arriba como lo hacéis siempre, usadme, porque los tontos estamos para ser usados, para que se aprovechen del bueno: las escusas. Déjalo, no intentes arreglarlo, voy a hundirme en soledad, que al final soy mi mejor compañero, el único que no me traiciona, el único que siempre cuenta consigo mismo aunque a veces lo cieguen otras personas. No intento dar pena, no intento sobrevivir, intento como un alquimista buscar ese algo que transforme mi vida en oro. Intento ser valorado, porque realmente no sé si son prejuicios pero parece que el mundo me odia sin motivo y yo OS ODIO A TODOS.