Te encontré con una sonrisa de oreja a oreja y la felicidad que llevas de serie. Hice una sonrisa amargada y desesperada, que pronto se convirtió en un reflejo de mi ánimo.
-¿Por qué no me has hablado estos días?-Dijiste.
Suspiré. Solamente suspiré, le dí fuerzas a mi cerebro para que enlazase las palabras correctamente, me pedí a mi mismo aguantar la compostura y no llorar y me vi dispuesto a por una vez, decirme la verdad.
-No puedo seguir así. No puedo seguir no siendo yo. No puedo disimular que existes y que existen otros y no me jode. No aguanto que veas en mi el amigo leal, tu cofre de los recuerdos. Es más jodido de lo que parece mentirle a una persona tanto tiempo por miedo a cargarte la relación que ya hay y empeorar las cosas. Me gustas, siempre me has gustado. Me he dado cuenta de que sin ti mi vida tendría sentido pero sería horrible. De que no puedo ser si no estás y que cuando estás me derrito. No consigo ser feliz.
Se le empezaron a derretir los ojos en forma de lágrimas y no pude aguantar mucho tiempo sin acompañarla. En dos minutos o tres recobró la voz y pudo decirme.
-Siento haberte utilizado, me siento la peor por haberlo hecho. Jamás pensé que tuvieras sentimientos, que pudieses sentir dolor por alguien, que te enamoraras. Jamás creí que llegaría a esto, y que un niñato como tú podría tener fe en estar con una mujer como yo. Te quiero, cada día pienso en ti desde que te conocí. Eres una persona muy importante en mi vida. Eres uno de mis mejores amigos.
Volví a despertarme de nuevo horrorizado.
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