jueves, 30 de diciembre de 2010
Sinfonía nocturna de la cripta.
Son las cuatro y media de la mañana y no voy a engañarte, hoy no he pensado mucho en ti. Unas catorce veces, no gran cosa acostumbrado a lo que es normal. No te crezcas, no estoy aqui porque no pueda dormir al pensar en ti. Hoy no. Estoy aqui porque tenía que arreglar cosas para mi. Gracias a eso me he quedado solo y he empezado a pensar reflexiones ocasionales que acabaran por borrarse. Todo se borra. Al día decímos millones de cosas. Y solo te acuerdas de 4 frases al día siguiente. Poco después todo será olvidado. He llegado a hablar mucho contigo y ya casi no me acuerdo ni de la escasa mitad. Hoy he estado pensando en mi tras un momento de soledad diambulando por las calles mientras me tambaleaba de lado a lado y tosía amor. Me he dado cuenta de que pierdo muchas cosas de las que digo, de que olvido muchas otras y rompo lo que me queda pero por mucho que lo intento siempre me queda algo predecible y repetitivo. Nunca consigo olvidarme de ti. Espero que esta historia acabe con un acorde roto de guitarra, que entraras por esa puerta que separara el escenario de la soledad más oscura y amarga de un músico y me besases delante de millones de personas que acabaran siendo olvidadas como palabras. "La esperanza es el sueño del hombre despierto"dijo Aristóteles, y yo espero despertar algun día.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Beleño blanco
Nunca tuviste motivo para dejarlo ir. Un día te levantase, abriste su jaula, lo cogiste y lo llevaste a la ventana. Querías ver si volvía. Lo impulsaste un poco y cayó al suelo bruscamente. Sonó un golpe seco y certero en el cemento del jardín y en tu corazón que cada vez sangraba más. Intentabas purificarte para dejar de desangrarte y solo conseguiste quitarte tiempo. Ya no sabías que hacer, esa maldición iba a acabar contigo y tu corazón cada vez sangraba más y más. Te detuviste en esa hamaca durante media hora y pensaste en algo que un viejo demonio como tú pudiese arreglar. Era tarde, habías jodido cada mísera parte de tu vida y no quedaba nada para solucionar, todo se había marchado de ti por miedo a sufrir más. Te levantaste de la hamaca blanco y balanceándote de una forma que, en una situación tan dramática como en la que te encontrabas sólamente generaba más pena, pero visto desde fuera era incluso gracioso. Notabas como las paredes se reían de ti y caíste rodando por las escaleras. Te arrastraste hasta la puerta del jardín gritando y con los ojos cubiertos de lágrimas. Ni la peor persona del mundo se merecía una muerte así. Te levantaste como pudiste y golpeaste fallidamente el pomo 3 veces haciendo así sangrar tus dedos. Tras un largo rato de intentos y apurando tus últimos llantos conseguiste abrir la puerta. Llegaste hasta tu periquito Springsteen y lo sujetaste entre tus manos mojándolo entero con tus lágrimas. No te daba pena él, jamás has sufrido por nadie. Te dabas pena tú. Removiste con tus manos un poco la tierra de aquel beleño blanco que creció solo en una maceta rota que alguien tiró con la mala suerte de que tú no estabas en el jardín y no te golpeó en la cabeza. Cogiste a Springsteen y lo enterraste. Fue la primera buena acción que hiciste en tu vida. Enterrarte.
Le falta humildad
Siento a veces ser demasiado sincero, sé que eso puede hacerme difícil. Pero creo que a veces deberías de mirarme un poco por dentro y analizarme. Soy más de lo que mucha gente desearía tener a su lado y no te das cuenta. Aunque si tú no te das cuenta me siento como basura. Puedo ser cuidadoso, educado y delicado. Puedo sacar mi lado divertido y siempre consigo hacerte reír. Nunca he sido una persona predecible y tenemos muchas cosas en común. Esto es una de las confesiones más profundas que pueden salir de mi, jamás lo sacaría hacia afuera si no fuese aquí. Quizás si algún día leyeses esto entenderías por qué me considero lo mejor para ti. Por qué miro a los demás por encima. Llamalo ego, llamalo amor.
martes, 28 de diciembre de 2010
Princesa
Me grita tan alto mi corazón que no puedo escuchar mis pensamientos. Tú formas mis memorias y has creado un motivo por el que escribir. A veces me pregunto por qué sigo haciendo esto y por qué sigo besando el suelo que pisas. Además de porque no puedo evitarlo me he dado cuenta de que si no mi vida sería una más. Una monótona y repugnante vida normal. A veces pienso que eres igual que las demás pero simplemente mi cerebro te eligió para salvarse de caer a ese agujero negro al que se dirigía. Uno más entre tantos en los que se pueden caer. Pero yo tuve que caer a tus pies entre todas las caidas posibles y eso me salva de la humanidad. Me aisla a tí. Si tuviese que analizar cada mente por separado posiblemente me moriría, aunque con la tuya ya tengo todo un reto. Nunca me he creído ni he querido ser un héroe pero cada vez tengo más ganas de subir esa torre y salvar a la princesa.
viernes, 24 de diciembre de 2010
En esta roca al lado del océano
Palabras sobrevaloradas que nunca creí necesarias cuando empecé a escribir mi cuento de hadas. Voces gritaban dentro de mi cabeza buscando respuestas cuando conseguía alcanzar la armonía. Me siento aquí en esta roca al lado del océano para escribir los últimos retoques de aquella historia de amor que empecé y he acabado yo solo. Qué jodidamente difícil es disimular que me hace daño pensar que no pasó nada. Creí que todo podía ser perfecto, pero todavía no sé lo que significa perfecto... Yo me creía perfecto para tí, yo te creo perfecta para mi. Y las cosas no resultan tal y como esperaba. Y sería capaz de amarte hasta la muerte y creeme que no me muero facilmente. Me siento aquí en esta roca al lado del océano para lamentar sueños rotos. Y sigo preguntándome qué habrá más hallá de donde alcanzan mis cansados ojos.
martes, 21 de diciembre de 2010
Guillotina de pensamientos
Quiero morir para vivir muerto lo que no he podido vivir vivo. Porque es demasiado tarde para ahorcar mis sentimientos o enterrarme y no dejar ni rastro. Y solo mediante la muerte se asfixian mis ganas de morir. Descuartizar puñados de esperanza y golpearlos hasta perder el conocimiento de qué estoy haciendo. No es más que un corazón cansado de latir y visceras que solo me pierden en este pantano oscuro. Árboles en los que empalé recuerdos y poco a poco han ido pudriéndose. Caminar por estos charcos de sangre es horrible y cada día se hace más duro aun sabiendo que lo has hecho tú. Que eres la culpable de esta masacre. Sigo tras muchos días avanzando por el pantano esperando que algun día llegue a lo más alto de esa montaña que veo a lo lejos. Sé que todavía me quedan muchas cosas horribles que hacer y ver. Pero esque cada día me cuestiono más si aún me muero por ti.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Autodestrucción
¿No te puedes dar cuenta de cuantas veces me has hecho caer?¿De cuantas estupideces hice por ti? Me sorprende que pasen los días y siga siendo el mismo esclavo de tu sonrisa y tú sin haberte dado cuenta. Siempre caigo, me levanto y lo vuelvo a intentar. Tengo esa fé ciega en que algo me cogerá un día y me dará una misera palmada en la espalda para decirme bien hecho, chaval. Pero sigo intentandolo y aún sin respuesta.
Me levanto cada mañana y sigo recordando las cosas que hiciste el primer día, cuando nos conocimos. Me acuerdo de como ibas vestida y me acuerdo de como me mirabas. Ahora las cosas han cambiado y lo que eran risas se han transformado en fallos y estupideces que no me sacan de este bucle permanente.
Autodestrucción. Estoy jodiendome a mi mismo y nadie consigue ni enterarse. Porque todos estos intentos que nunca me dejan morir del todo están acabando conmigo y dejándome destrozado. Quisiese escribir sobre otras cosas pero simplemente no sé.
Me levanto cada mañana y sigo recordando las cosas que hiciste el primer día, cuando nos conocimos. Me acuerdo de como ibas vestida y me acuerdo de como me mirabas. Ahora las cosas han cambiado y lo que eran risas se han transformado en fallos y estupideces que no me sacan de este bucle permanente.
Autodestrucción. Estoy jodiendome a mi mismo y nadie consigue ni enterarse. Porque todos estos intentos que nunca me dejan morir del todo están acabando conmigo y dejándome destrozado. Quisiese escribir sobre otras cosas pero simplemente no sé.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
En lo más oscuro de nuestros corazones
No podía mirarte, era una sensación de vergüenza demasiado fuerte. No sabía si hacia ti o hacia mi, pero ahi estaba y no podía evitarlo. Me armé de valor y giré la vista hacia la mitad del pasillo que era donde tú estabas. Tomé aire, y fuí hacia allí. Te acaricié el pelo que estaba helado y se separaba de mis dedos como si fuese una larga melena de serpientes. Qué bonito era tu pelo negro intenso. Me encantaba cuando te tumbabas sobre mis piernas sin ningun sentido y yo lo acariciaba respirando libertad a cada segundo.
Te cogí como hacía tantas veces cuando me decías estoy cansada y te levanté suavemente. Giraste tu cabeza y me miraste sin hacer ningun tipo de expresión.
-Hola, bonita.-te dije.
Volviste a girar tu cabeza como si nada pasase y seguí mi camino. Juntos cruzamos muchas barreras y puertas hasta llegar a la parte más oscura de la casa. Te senté en un taburete del cobertizo al que nunca me atreví a entrar. Creo que ahora empezaba a amarte más. Cogí la pala y empecé a cavar. Todo estaba silencioso y cada vez sentía más dolor en mi. Te cogí y te puse en ese agujero. Tenías los ojos cerrados como cuando pasábamos esas noches en la tienda de campaña y nos contábamos cosas con los ojos cerrados. Yo nunca pude cerrar los ojos, necesitaba mirarte. Te acosté cómodamente y besé tu pálida cara por última vez. Cogí la pala y tiré el primer montón de tierra.
-Te quiero.- me dijiste y rompí a llorar.
-Y yo a ti, bonita.- y volví a tirar más tierra.
-Te quiero.
-Y yo a ti, bonita.- y seguiste diciendolo a cada montón de tierra que te tiré hasta que acabé. Todo había terminado, esa sería la última vez que te vería. Todavía puedo escucharte a veces desde nuestra cama gritar te quiero y sigo preguntándome, ¿cómo coño pudíste morirte de amor?
Te cogí como hacía tantas veces cuando me decías estoy cansada y te levanté suavemente. Giraste tu cabeza y me miraste sin hacer ningun tipo de expresión.
-Hola, bonita.-te dije.
Volviste a girar tu cabeza como si nada pasase y seguí mi camino. Juntos cruzamos muchas barreras y puertas hasta llegar a la parte más oscura de la casa. Te senté en un taburete del cobertizo al que nunca me atreví a entrar. Creo que ahora empezaba a amarte más. Cogí la pala y empecé a cavar. Todo estaba silencioso y cada vez sentía más dolor en mi. Te cogí y te puse en ese agujero. Tenías los ojos cerrados como cuando pasábamos esas noches en la tienda de campaña y nos contábamos cosas con los ojos cerrados. Yo nunca pude cerrar los ojos, necesitaba mirarte. Te acosté cómodamente y besé tu pálida cara por última vez. Cogí la pala y tiré el primer montón de tierra.
-Te quiero.- me dijiste y rompí a llorar.
-Y yo a ti, bonita.- y volví a tirar más tierra.
-Te quiero.
-Y yo a ti, bonita.- y seguiste diciendolo a cada montón de tierra que te tiré hasta que acabé. Todo había terminado, esa sería la última vez que te vería. Todavía puedo escucharte a veces desde nuestra cama gritar te quiero y sigo preguntándome, ¿cómo coño pudíste morirte de amor?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)